...mi guitarra, y vos(otros)...

jueves 20 de septiembre de 2007

R, I Parte

R sale de la ducha, rodeada de una nube de vapor. Se mira en el espejo, desnuda, con ese pelo largo y moreno, algo ondulado también. Sus ojos, verdes, claros como un reflejo. Sus labios, carnosos, rojos, llenos de una pasión por descubrir. Su piel, clara, mostrando su lado más inocente, un paraíso. Su pecho, pequeño y firme, con un escote que atraía con un más que dulce magnetismo. Su cadera, curvada, envidiada por cualquier luz...



R se gira y empieza a vestirse para otra noche de fiesta. Iban a salir a la típica discoteca de la ciudad, con las mismas personas, y sin esperar nada nuevo, ninguna sorpresa de un monótono viernes. No tenía muchas ganas de salir, pero al final se decidió y dijo que si, por no quedarse luego toda la noche en la cama pasada de vueltas sin dormir, pensando como lo estarán pasando los demás. Además, era como si tuviera un leve, aunque firme presentimiento, de que esta noche iba a ser diferente, aunque aún no sabía porqué.



Sonó el móvil, era Marina, su mejor amiga, ya estaba abajo esperándola. -Dos segundos- dijo R que tardaría, que se convirtieron en unos 5 minutos, pero ya por fin bajó y se montó en ese coche, un Renault Clio rojo, en el que ya iban Luis, Patricia y Lolo. Empezó a saludar metida dentro del coche, y ya sentada se dio cuenta de cómo iba a ser la noche...



Patricia y Luis son pareja, llevan un par de años, justo desde el momento en que Luis dejó a la conductora, Marina, soltera de momento, pero a punto de sucumbir a las proposiciones de Lolo, que sin declararse con palabras, ya lo había echo de forma extracorpórea, y luego, R, sin pareja, y pensando que mejor se podría haber quedado en casa dando vueltas, porque para estar de música, siempre había tiempo... Que complicado esto de las parejas... R siempre había buscado su pareja, alguien que la complementara, que la comprendiera, y que sobre todo no la defraudara, como habían echo todos esos tíos con los que ya había salido defraudada, y ahora se resistía a empezar nada nuevo, se había echo una promesa de no volver a estar con ninguno.

Llegaron al descampado y empezaron a abrir las botellas, tal como es tradición, para empezar animada la noche. Terminaron, y fueron a la discoteca mientras el portero les comentaba -son 20 euros chicas-, -casi mejor nos vamos- dijo Lolo. Como en esa no se pudo, entraron en la discoteca de enfrente, donde nunca les dio por entrar, siendo hoy su primera vez. Todo era de un rojo intenso, a la izquierda unas escaleras para subir a la verdadera discoteca, con una terraza rodeándolo todo en la que en altura se podía ver toda la ciudad iluminada de noche. Al fondo había unas mesas de billar, y a Marina se le apeteció echar una partida y unas risas, así que pidieron turno. Jugando había un chaval, moreno, de ojos verdes, que aunque parecía atento a la partida, no dejaba de mirar a R. Ella lo sabía, pero no hacía otra cosa que esquivarle la mirada, aunque tenía ganas de acercarse a él. Se terminó su partida, y los chicos se fueron. Ella incomprensiblemente se quedó con la imagen de él, y se lamentaba de que no podría volver a verlo, pero, ¿sería así?

2 recuerdos:

Marisa y Dory dijo...

Caramba, por fin empiezas otra nueva historia! Bieeeeeeen!!!

Besitos, guapetón.

MARISA.

Marisa y Dory dijo...

Jajaja, sabes? Al volver a empezar a aleer tu post me he dado cuenta de que tengo ahora el pelo negro largo y rizado (y hasta los ojos verdes)! Claro, mi cambio de look va ser producto del insconsciente, jeje!

En serio, nene, estás desaparecido del mundo bloggero (mira quién fue a hablar, que yo estoy también medio esfumá). Cuándo te veo? Quisiera escuchar la maketita antes del puente, por fi. Y vente pa casa.... anda síiiiii?

Muam!

MARISA.