...mi guitarra, y vos(otros)...

viernes 27 de julio de 2007

Motivos para no..., VI Parte

Jose, soy Magda...



Anoche lo pasé genial contigo. Hacía años que estaba esperando una noche como esta en la que pudiese disfrutar con otra persona sin tener que ofrecer nada, únicamente cariño, como el que tu me diste desde el principio. Eres todo lo que buscaba, eres todo lo que cualquier persona podría buscar, pero yo no soy a quien tu buscas. Únicamente soy alguien que se cruzó contigo una noche, no más, quizás que buscaba algo de atención, y que tu todo me diste, hasta dejaste toda tu vida, pero yo no te conté toda mi historia. Allí en Brasil dejé a toda mi familia, y también dejé un hijo y un esposo. Al conocerte ni me acordé de ellos, pero cuando lo nuestro fue a más, me dí cuenta de mis errores, y de que aquí no hago nada. Cuando me dijiste que lo dejabas todo, intenté frenarte, pero quizás tu no quisiste, quizás yo no te conté la verdad a tiempo.

Siento que cuando llegues a esta parte me estarás odiando, tanto o más como yo me estoy odiando mientras te lo escribo, y te comprendo.


Me marché porque ni yo misma se que es lo que quiero ahora. Si tal vez quiero volver a mi pasado, a lo que tanto añoro y por lo que tanto he luchado, o empezar desde el principio junto a ti, quien me abrió los ojos que ahora mismo están llorando por ti, por mí, y que están mojando este papel. Me iré lejos, lejos de la playa, esperando que algún día puedas llegar a perdonarme mientras yo reuno todos mis pensamientos y sentimientos, y pueda por fin aclararme. Lo siento...



Jose se quedó de piedra desde que empezó a leer. Se dio cuenta de que había destrozado toda su vida por una mujer que apenas conocía y que le había mentido, pero sin bien él saberlo, ya la había perdonado, ya que estaba profundamente enamorado de ella, aún habiéndola visto apenas unos instantes. Estoy loco, se decía una y otra vez mientras leía y releía aquella declaración de despedida, mientras iba perdiendo poco a poco el más común de los sentidos. Había preparado una isla únicamente para Magda y para él, pero ahora se sentía perdido, solo, en medio de la nada, como un naufrago. Esa noche apenas pudo dormir, mientras miraba al techo y recordándola, cada palabra, cada gesto, cada movimiento de la que fue su pareja durante una pequeña aunque gran noche.


Pasaron días, semanas, meses, años, y ella no aparecía. Había encontrado un pequeño trabajo en un humilde restaurante, cerca de la playa, ya que no quería alejarse por si ella volviese algún día. Todas las noches se acostaba mirando a la luna, al horizonte, esperando verla, pero lo único que conseguía ver era su ausencia... Al fin y al cabo, la esperanza, es lo último que se pierde...

***

Con el fin del mes de Julio se acaba esta historia, y al mismo tiempo me voy yo de descanso lo que queda de verano, para poder volver en Septiembre con nuevas ganas y nuevas historias por contar. Gracias a todos de verdad por aguantarme, sobre todo los que estáis desde el principio, me escribáis comentarios o no, ya que se que estáis ahí. Únicamente voy a nombrar a Luismi, que aunque se que aquí no me va a leer, le doy las gracias por presentarme a su puta y a su sacerdote, personajes de esta última historia. Gracias a todos, y buen verano, besits.

jueves 19 de julio de 2007

Mi despedida, V Parte

El desayuno ya estaba listo, cogí las cosas y las llevé a la mesa donde ya estaba ella sentada, aunque ya vestida.
-Voy a ponerme algo de ropa, que hace fresco.
-Jeje, mejor- mientras lo decía y me daba la vuelta, sentía como me estaba mirando de arriba a abajo por detrás.

Abrí el armario, y cogí lo primero que vi, algo de ropa interior y una bata, pero lo peor fue ver mi sotana. Ahí estaba inerte, tan oscura como siempre, pero que esta vez su color negro me atraía de forma que no podía pensar otra cosa, hasta que cerré la puerta a la vez que rompía ese pequeño y momentáneo hechizo hipnotizador. Ahora solo tenía en mente a Magda, de imaginarla toda una vida consigo, en un profundo y eterno abrazo.

Aunque no era tan fácil. La voz que tenía por la espalda me impedía dejar todo de buenas a primeras, por una persona que apenas acababa de conocer. Ahora pensándolo en frío, era cierto lo que decía esa voz, hacía prácticamente horas que la conocí, y no eran horas sino años los que llevaba en el camino que había elegido, el de la religión, y que ahora se estaba tambaleando. Bajó de la nube en la que estaba, y se sentó en la mesa junto a ella, mientras se miraban y se sonreían, cuando ella empezó:

-Así que eres cura de verdad, ¿no?
-Pues sí, no te mentí. ¿Y tu... bueno... trabajas en la calle de verdad?
-Sí, tranquilo, no te asustes. Pero mejor que hoy seamos Magda y Jose, ¿no te parece?
-Me parece...

Durante el desayuno le conté mi historia, que no podía estar con ella en mi situación actual, pero que era lo que en verdad quería, simplemente estar con ella...

-No puedes hacer eso Jose. Apenas me conoces, no sabes como soy. Yo también quiero estar contigo, pero no puedo hacer que lo dejes todo por mí.
-No, de verdad, no es sólo por ti. Lo que pasa que al conocerte me di cuenta de que estaba equivocado desde un primer momento y que no estoy haciendo nada. Sé que nos conocemos poco, pero es como si notase que contigo estaré bien, que verdaderamente mi misión es estar a tu lado. Dentro de media hora tengo una misa, mi última misa, y les haré saber a todos que lo dejo para poder estar contigo. ¿Te parece?
-Bueno...
-Está bien, voy al cuarto a cambiarme y voy para allá. ¿Te importa quedarte aquí sola?
-No, no me importa...
-Espérame- mientras le daba un cariñoso beso en la mejilla y me iba.

Me fui mirando la casa blanca donde vivía, sabiendo que cuando volviese sería un hombre nuevo, un hombre libre de cualquier cadena. Se subió a su altar, su pequeño escenario como le gustaba llamarlo, y justo al terminar, entre lágrimas, tuvo que decirlo. Le daba pena por todo esto que estaba dejando atrás, toda su gente, toda su historia, pero había encontrado una salida que había decidido tomar.

No se quedó a dar explicaciones, se fue corriendo a coger su coche junto a su tristeza para ir a la casa, mientras esa tristeza se iba reduciendo pensando en la primera persona que le estaría esperando en su casa. Llegó, abrió la puerta, y le entró un escalofrío justo al entrar. Un frío invadía la casa, acompañado de un molesto silencio e inexplicable. No la encontraba. No lo entendía. Llegó a su cuarto, donde habían pasado juntos aquella noche, y encontró un folio escrito en negro...

Jose, Soy Magda...

jueves 12 de julio de 2007

Entre salitre, IV Parte

La chica del pelo moreno se despertó con las primeras olas de la mañana del mar. Se asomó por la ventana y ahí estaba la playa, tranquila, inerte, vacía pero a la vez tan bonita, y con un olor a salitre que le entraba por cada poro de su blanca piel que le encantaba.


Empezó a recordar la noche anterior, como juntos fueron arropados por la luna menguante, las estrellas y los besos, mientras el agua se movía al compás que ellos marcaban con los juegos y bailes nocturnos, sin darse cuenta de cómo esos pequeños sentimientos que empezaban a ocupar sus pechos podrían cambiar sus mundos, para bien o para mal. Magda de momento solo podía dejarse robar sus caricias más escondidas por el hombre que tenía delante, dándole él a cambio pequeños trozos de corazón, para terminar dándoselo entero sin esperar que se lo devolviese. Subieron de la playa a las tantas de la madrugada, exhaustos y mojados, para meterse en la habitación. Se secaron con unas pocas toallas que tenía Jose en su cuarto, y empezaron a quitarse la ropa, mirándose frente a frente, observando como cada prenda pegada a sus cuerpos por el agua se iba separando de la piel y caía en el suelo. Quedaron los 2 desnudos mirándose únicamente a los ojos, se besaron, y se echaron en esa cama individual donde pasaba el cura todas sus noches solitarias, al igual que le ocurría a su compañera prostituta, y que hoy por fin, después de tantos sueños, pasarían una noche fría de verano abrazados a una persona que les diese calor. Un abrazo de un temprano amor, y nada más.


Él se despertó y la vio ahí delante, mirando absorta por la ventana, mientras empezaba a pensar lo que había echo acompañado de un leve dolor de cabeza. ¿Había echo bien aquella noche? Se dio cuenta de todas las veces que había predicado sobre la pasión, sobre el querer, sobre el amor, hablando con palabras vacías, ya que nunca había podido amar a una persona tanto y todo lo que aquello significaba. Se levantó y le dio un tierno beso en la mejilla a su invitada, y le prometió que le iba a hacer su desayuno, para eso era ella la princesa. Se fue a la cocina feliz, con una sonrisa como la que siempre tenía Magda en la boca, una sonrisa que se convertía en un magnetismo imposible de evitar. Metió algo de pan en la tostadora, mientras reflexionaba. Estaba seguro de que lo dejaría todo, empezaría de cero, empezaría una nueva vida, todo ahora con una persona al lado, y no con una creencia. A la tarde iría a su parroquia y daría su última misa, ya que al fin y al cabo, él era el único que podía decidir el final de sus pasos. El final había llegado.


Pero, ¿estaba completamente seguro, o era un simple impulso?

lunes 9 de julio de 2007

De sol y campo

Llevamos días preparándonos para irnos de camping, cogernos las tiendas de campaña y estar en la playa, ¿qué pasó? Terminamos en el campo de JJ, gastando menos y viviendo mejor.

Quedamos algunos en el supermercado para comprar las provisiones, para pasar una hora esperando a que llegase la gente contando anécdotas de borrachos. Entramos en los coches, un con aire y otro con aire manual (de abanicarse con la mano), para perdernos por el barrio de C a 60ºC a la sombra, hasta llegar a nuestro destino con un perro que salió a recibirnos con un regalo líquido y amarillo en una de las ruedas.

Tardamos poco en quitarnos la ropa y empezar a comer, para luego olvidarnos de guardar la digestión y la comida (mas tarde vimos como la mortadela se puso marrón, a pesar de tan sólo pasar 2 horas al sol). En el agua pronto llegaron el peinado de marcelino, y un personaje sacado de la película Powder, junto a las primeras peleas por ver quien era el dueño de la colchoneta, amenizados por unos gallos que también peleaban por ver quien era el líder, hasta que alguna vino y pinchó la colchoneta, aunque fue rápidamente sustituida por unos "cipotes" de coca-cola de la que E se enamoró, y que se quedó sin poder llevárselos a casa y sin mis palabras, por algo que hizo que más adelante contaré.

Llegaron las duchas, no sin algún que otro torneo de futbolín, tenis de mesa, y viajes en bici en busca de los hielos, preparándonos para una botellona y una discoteca a la que nos guió una chica, aunque entre tantas zetas no se le entendía: zi mira, zigue adelante en la gazolinera, poz la ziguiente zalida a la derecha... Entramos en lo que parecía un desierto, a excepción de un animador-payaso-cogío que amenizaba la noche y animaba a bailar, quitándose 20 veces la camisa y ligando con todas las barras metálicas de la terraza y con el dj, y que más tarde terminó ligando con M.

Entre bailes y cervezas, volvimos a casa cantando (o inventando canciones como el my pingu), acompañados por 3 amparos en el coche que RU se encargó de conseguir. Nos pusimos los pijamas, y hubo uno que se le antojó ver las estrellas, y R lo acompañó en una tumbona hasta que el malévolo dueño de la casa y su novia tiraron a este que escribe, mientras de fondo se escuchaban frases como cabrounes (con u), o un característico io puta. Vamos a tirar a M, dijo otro, mientras yo tenía la toalla liada y, ¿qué pasó? Pues que E con toda su malicia, aprovechó el descuido de R para tirarlo de nuevo al agua con toalla de V incluido. Sigo sin recibir perdón público por parte de E.

Mojados o no, siguió la noche, con O cantando, V y S cambiándose de camas y echando a intrusas, y E teniendo que ir a dormir fuera de la casa como castigo de dios.

Por la mañana llegaron las tostadas y otras partidas de poquer algo amañadas, para seguir con los baños, los cantos de los gallos, y las peleas con esos cipotes en los que alguno tuvo que correr, como se que se echó 3 kilos de protección solar (RU), y terminó llorando ante la pérdida de su mas preciado bien, una de sus zapatillas...

Y pasó la tarde, con algún que otro remojón, entre partidas de ping-pong, alonso, y wimbledon, viendo como se acababa un fin de semana, para terminar todos con los hombros quemados y alguno que otro resfriado por las visitas nocturnas a la piscina.

jueves 5 de julio de 2007

Día de la libertad

Son las 9 de la mañana del 4 de julio. Hoy mi último día de exámenes, hoy mi primer día de vacaciones. Estaba todo preparado, nos íbamos a la piscina para mi primer chapuzón veraniego, aunque no era el primero para muchos. Que ganas, pensar que acabamos de empezar, y nos quedan un par de intensos meses de calor y diversión…

Llegamos como siempre a la hora acordada, esperando a que la gente y la gran socorrista llegasen, aunque de mientras nos íbamos enterando de los últimos cotilleos de las relaciones y las últimas indicaciones para que nadie lo pasara mal ni agobiado.

Entramos, y llega nuestro primer juego con las cartas. Buf, pierdo, me toca chapuzón…Yo sólo en la piscina amos, hasta que después de varios intentos de juegos, terminamos todos en la piscina con sus típicas ahogadillas, o intentos de ahogadillas porque había gente que no daba pie.

Pero ante todo, la piscina era totalmente puritana, donde por no poder, no podías siquiera poder besar a tu pareja, aunque llevases ya meses con ella, ya que las familias podrían sentirse incómodas por un acto tan salvaje como es ese. Gracias al cielo, teníamos un vigilante con el sentimiento patrio en cada parte de sus pelos que nos lo recordaba cada vez, aunque alguno se creyese que era broma, pero esto era algo muy serio…

Luego llegó la tarde de tatuajes (aún haciendo chistes con el de los besos), para que más de uno viese como escribían su nombre en sus antebrazos, chanclas, o muslos de las piernas según fuese, de declaraciones de amor o del equipo de fútbol preferido.

Y ya terminó con los últimos chapuzones de la noche, donde aumentó la gente para hacer ahogadillas, donde hubo un momento en el que todos estábamos circulando dando vueltas, y donde siempre surgen los típicos líos de: iya líate con este, iyo no te líes con esta, iyo no me dejéis solo, iyo amos a ahogar a esa que está ahí, tío donde vas con el peinado de Marcelino… Y todo esto, con un gran cantautor improvisado de fondo, al que algunos incluso le dieron algún dinerillo, para que no dejara de tocar.

En fin, una buena tarde, recordada por algunos por determinados momentos y acciones, pero recordada por mí como la primera tarde de mi pequeño, y gran verano.